Autor: Carlos Mesa
Esta semana, un amigo me preguntaba sobre lo que entendía yo por hacker. Quería conocer mi opinión para un artículo. Buf, la verdad es que es difícil responder a esta pregunta, porque mi concepto ha variado mucho en estos años. Quizás, ahora ya estoy contaminado, y a raíz de lo visto en el underground hispano, mi impresión va más acorde a la de "sujeto con ganas de fastidiar a otro, valiéndose de sus conocimientos informáticos".
Por supuesto, hace unos años pensaba de forma diferente. Y aún quiero quedarme con ese término inicial aparecido en el Jargon File. Según éste, ser hacker es una forma de vida, una cultura. Gente creativa con ganas de descubrir, y con su propio lenguaje de comunicación. Una idea romántica que fue escrita por Eric S. Raymond, allá por 1999.
Una idea retomada posteriormente por Pekka Himanen, en su obra "La ética del hacker", donde hablaba de ellos como inconformistas del trabajo, expertos en una materia concreta. Y el doctor Himanen se explayaba así, argumentando que existían hackers economistas, hackers astronautas, hackers de cualquier sector social. Pero, en definitiva, expertos en su trabajo.
La idea de Himanen era muy buena, pero en algunos sectores radicales del underground no fue muy bien vista, precisamente porque algunos de ellos consideraban que hackers sólo hay unos, los que saben mucho de informática e Internet, y son capaces de hurgar en las entrañas de cualquier cosa con bits.
Por desgracia, el concepto inicial de "hacker" se ha perdido o tergiversado por completo. Aún hoy se puede ver en las galerías de hackers famosos nombres como Grace Hooper, Gary Kidall, Tim Paterson, Bill Gates, Richard Stallman, creadores de programas o sistemas. En esta misma balanza colocan a algunos como Kevin Mitnick, Adrian Lamo, o Vladimir Levin, ladrones de guante blanco.
No obstante, ya no quedan creadores. Los medios de comunicación y el cine se han encargado de convertir a los hackers en chicos malos, muy malos. Y los chicos malos, que se han creído estas historias, se autoproclaman hackers y cometen delitos informáticos para aumentar su ego. Ese es el panorama actual.
Leía esta semana una noticia de Europa Press en la que cuatro chicos de Vigo, recién terminados sus estudios universitarios, se habían montado su propia empresa de seguridad informática. Hasta ahí todo correcto; sin embargo, para su desgracia, cayeron en los tentáculos de la prensa. Durante su rueda de prensa de presentación, a alguno de ellos se le ocurrió comentar que en su día fueron capaces de acceder a los ordenadores del FBI, la OTAN o el propio gobierno de los Estados Unidos. Los medios de comunicación lograron su noticia morbosa de la semana y un titular en donde "cuatro hackers españoles montan su propia empresa de seguridad informática".
La constitución de una nueva empresa de informática es siempre motivo de alegría, ya que activa la economía de este país. Más teniendo en cuenta que proviene de cuatro jóvenes empresarios. Ahora bien, salir a la palestra y hacer uso del término "hacker", aunque sea de forma inconsciente, es como afirmar que uno en otra vida fue asesino, aparte de que sigue alimentando la leyenda de que los hackers son y serán chicos malos. Como siempre ocurre en estos casos, otros autoproclamados hackers y que encima se jactan de ello, envidiosos de la idea de estos jóvenes, saltan a la yugular y se aprestan a informar en un boletín sobre lo gilipollas que pueden ser las empresas que los contraten. La tiña que los corroe. Con todo, cuando una empresa quiere montarse una librería en sus instalaciones, contratan a un carpintero. Por tanto, qué problema hay en que si una empresa quiere seguridad informática, no pueda contratar a un experto.
Quizás se haya perdido u olvidado por completo el concepto original de hacker. Pero aunque sólo sea por melancolía me quedo con una definición del profesor Manuel Castells al respecto: "La razón por la que los hackers de Linux hacen algo es que lo encuentran muy interesante y les gusta compartir eso tan interesante con los demás". Ojalá fuéramos todos algo más altruistas y con ganas de aportar nuestro granito de arena a la comunidad. Tal vez, todo funcionaría mejor. Tal vez.
Fuente: http://www.seguridad0.com/
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